Aquella carta, perturbó mi alma como si de una
sentencia de muerte se tratara. Debía poner fin a mi tapadera. Despedirme de la
vida que había llevado durante más de quince años. Raúl Camino Rosado, letrado
en un importante bufete de abogados en el centro de la ciudad, mi yo ficticio,
desaparecería para siempre de la faz de la tierra.
Las
instrucciones eran claras. La vida que me había llevado quince años construir,
debía ser destruida en unos pocos segundos. Tenía el tiempo justo de coger sólo
aquello que delatara mi verdadero origen y luego salir de allí pitando como un
cohete.
No
me concedían tiempo para despedirme de Laura. No era la primera mujer que
abandona, pero esta vez era distinto. Creo que realmente la quiero. Su
imponente figura, sus curvas capaces de quitar el hipo, sus tiernos y dulces
labios de gominola, sus hipnóticos ojos verdes que parecían ser capaces de
adivinar mis pensamientos, era justo el tipo de mujer a la que nunca debía de
haberme acercado. Había violado la primera norma del espía: Nunca te enamores.
Pero
ya era demasiado tarde, el mal estaba causado. En la carta me informaban de que
mi tapadera había sido descubierta, que mi vida corría peligro. Por ello debía
desaparecer lo más rápido posible. ¿Quién pudo descubrir mi verdadera
identidad? Había sido muy cuidadoso. Me resistía a marcharme y creía que si
descubría al maldito bastardo que me había desenmascarado, quizás permitirían
que siguiera con aquella identidad. Junto a la preciosa y cariñosa Laura.
Por
más que lo intentaba, no conseguía descubrir en que había fallado, cual había
sido el error que había puesto en evidencia mi mentira. Tales pensamientos me
entretuvieron. No demasiado, siquiera diez minutos, pero sí lo suficiente. A mi
espalda me apuntaban con una pistola. Pude ver con claridad quien era, pues yo
me encontraba frente a un gran espejo que ocupaba una gran parte de una pared
del dormitorio. Era Laura. La hermosa Laura, la cariñosa Laura, la mortal
Laura. Mi único amor, mi peligroso enemigo. Por mi cabeza taladró la única
norma que no cumplí, la única que debía haber cumplido. Nunca te enamores, por
que te cegará. Nunca te enamores porque te matará.

