Más que el tripulante de aquella magnífica nave, soy un pasajero de un vehículo sin control. Mi misión era conseguir que su cerebro segregara la suficiente sustancia química en su organismo como para que su corazón latiera con fuerza cada vez que yo estuviera cerca. Tamaña proeza para la que concentre cuerpo y alma.
Historias de éxitos y fracasos en similares empresas alentaban mis ánimos y depuraban posibles fallos que pudiera cometer. La creación de una estructura que me permitiera acercarme a ella, se convirtió en una autentica obsesión. Pero finalmente la construí. Su diseño era magnífico, perfecto. Nada podía salir mal. O al menos eso creí.
Ilusionado en mi proyecto y cargado de orgullo y optimismo subí a la lanzadera, me introduje en el habitáculo de mando y accioné los controles que ponían en marcha los propulsores. Atravesé mi propia estratosfera en dirección a ella. El trayecto iba según mis cálculos.
La sensación de ausencia de gravedad y problemas durante aquella parte del trayecto, inflaron mi ego, dándome la seguridad de que no existía meta por grande que fuera que no pudiera conseguir. Aunque aquella fuera la meta más difícil del cosmos entero, ¿qué podría salir mal?
Pero antes siquiera de entrar en su campo gravitacional, algo parecía no funcionar correctamente. Mi maravillosa nave no conseguía vencer la fuerza de su sensual mirada. Mi cabina restalló con innumerables alarmas sonoras y luminosas. El oxigeno dejó de entrar en el habitáculo proporcionándome una sensación de ahogo nunca antes experimentado por mi. Los controles no obedecían y los reactores que impulsaban mi nave parecieron apagarse, dejándome en una situación de descontrol que realmente me aterraba.
Mi infructuoso medio de transporte no fue capaz de penetrar en su atmósfera y quedó inerte girando alrededor de su orbe durante toda la eternidad. La cualidad más gratificante de la eternidad es que te proporciona tiempo para reflexionar con una tranquilidad que la caducidad no te permite. De ese modo despejé mis dudas y comprendí mis errores. El principal de ellos fue el propósito de mi misión. Fui un egocéntrico idiota al querer controlar los sentimientos de ella, cuando rara vez somos capaces de controlar los nuestros propios. Y esa fue mi perdición.
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Relato publicado en Portal CiFi: http://www.portal-cifi.com/scifi/content/view/3277/99/

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